En ese momento volvió a llegar.
- ¿triste?
- no mucho. Solo pensaba en todo lo que había pasado.
- piensa. Siempre es bueno pensar.
- siento algo raro
- lo sé. Pero no te preocupes, estarás bien en esta casa. Te ayudará.
- ¿ayudar a qué?
- ya lo verás.
De repente, tuvo una visión. Vio a un niño caminar por el pasillo que daba al patio, un patio grande con un avellano en el centro. Se restregó los ojos. Podía jurar que el niño se parecía... a él. Intrigado lo siguió, pero ya era muy tarde. Había desaparecido. El patio era muy grande, con el pasto bien podado, y el avellano inmenso, con sus ramas retorcidas cubriendo parte del cielo. Daba una sombra hermosa. Se sentó en un banco que había ahí. Ya era tarde y el aire, con su aroma a nada, zumbaba en sus oídos, arrancándole a la naturaleza la armoniosa sinfonía que solo ella sabía. Una bella música cuando sabes escucharla, pensó. Estaba sumamente confundido por el chico que pasó por el pasillo, porque se parecía a él. Se le hizo raro. Y de nuevo, la voz a sus espaldas:
- ¿lo viste?
- si. ¿quién era?
- ya no lo conozco. Ya no me conoce.
- ¿qué quieres decir?
- que te tienes que levantar temprano, y ya es muy tarde. Hasta mañana.
- hasta mañana.
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