-vamos, Gaby, cuéntame tu sueño
-era tan real, Mari... de verdad estoy confundida
-¿cómo es posible que sueñes otra vida? Explícate mejor
-ayer, después de comer, dormí una pequeña siesta. Ya sabes que funciono mejor cuando duermo un par de horas en la tarde, no me regañes. Bien, pues después de pensar un poco en un capítulo del libro que estoy leyendo –Jane Eyre, ni más ni menos- comencé a divagar en hilos de varios pensamientos. Se entretejían diversas preocupaciones, la leche para el gato que me había olvidado de comprar, el vestido rosa que no estaba limpio para la cena de mañana, la pelea que había tenido con Ángel –algo sin importancia sobre una carta- y pronto, como es usual, me quedé dormida.
Sin embargo, algo comenzó a lamerme la cara y terminé por despertarme. O eso creía yo. De pronto, tenía la cara de un gran perro danés sobre la mía, llena esta última de saliva del animal. Al incorporarme de la cama me di cuenta que estaba en una habitación totalmente diferente. El colchón era de resortes, suave, podías hundirte más que en los colchones modernos. La cama era de latón, antigua, y la sobrecama era un tejido de color rosa, muy bello. El cuarto era más pequeño que el mío, enfrente de la cama había una gran castaña de madera de roble, el olor era penetrante. A mi derecha estaba un escritorio también de aspecto antiguo, con una serie de papeles sueltos y una lámpara de gas. Este escritorio daba hacía una ventana amplia, sin protectores de ningún tipo, solo una ventana de doble hoja que daba hacía una gran pradera llena de flores pequeñas. Era asombroso, hermoso, no te lo puedes imaginar. De pronto escuché una voz.
Era mi amado. No te burles. Al parecer estaba casada (¡con tan solo 20 años!). Casada con un hombre varonil, militar retirado, dueño de varias rentas fabulosas y que se había desposado conmigo, prima lejana, al haberse enamorado de mí, a pesar de ser parte de “los parientes pobres” que todo conde tiene. Claro, era conde. ¿En qué país? Inglaterra, ¿dónde más se dan idilios así?
-¿Cómo supiste todo eso?
-porque en ese momento yo no era yo. O mejor dicho era yo pero en otra vida. Lo sabía todo sobre mí, infancia, adolescencia, costumbres, todo. Incluso no me sorprendió en absoluto ver mis vestidos- un vestido azul claro, con un camafeo en el cuello- y hasta regañé a Gigante por mancharme el atuendo. Gigante era el perro.
Me desperecé silenciosamente y salí al encuentro de Henry, mi esposo. Era tan extraño, Mari. Sabía perfectamente que lo amaba. Al parecer el galanteo comenzó hablando de una pintura de Rembrandt. Teníamos los mismos gustos. Ambos amábamos la pintura, la poesía, nos desagradaban los bailes de salón y éramos extremadamente tímidos. El era muy asediado por las mujeres, pues además de rico, era apuesto y agradable. Sí, ya se que sueno como un libro de la época romántica, pero no encuentro otras palabras para expresarme sobre una personalidad como esa.
-Gabriela, te afectó leer Jane Eyre
-tal vez… la verdad no lo sé.
Y así comenzó todo. A la semana del primer sueño, me contó que había vuelto a sucederle lo mismo. Pero esa “vida alterna” avanzaba. Cuando estaba en ella no se acordaba de esta otra vida, solo tenía en sí los sentimientos y actos de su yo de Inglaterra. Era muy feliz, a pesar de carencias tan básicas como agua corriente y luz eléctrica. Vivía momentos mágicos, a decir de ella, y cada vez pasaba más tiempo dormida. No había día que fuera en la tarde, después de la escuela, a su casa, y su madre me dijera que estaba dormida. Tampoco su novio tenía mejor suerte. Poco a poco se encerró mas y mas en esa ilusión, y dejó de ser Gabriela para convertirse en “Isabella”. Cuando hablaba con ella, trataba de ocultar esto, pero siempre terminaba fastidiada de las conversaciones, y olvidaba cosas tan básicas como a que horas comió por última vez.
Un día que fui a su casa, milagrosamente me abrió ella la puerta. Estaba despierta. Subimos a su habitación y me asustó su mirada. Jugueteaba con algo entre las manos, sin poder ver que era.
-Mari, que bueno que vienes, tengo que hablar contigo.
-¿qué pasa Gaby?
-por favor, primero escucha: ya no pienso volver.
-¿volver? ¿A dónde?
- estoy embarazada
-¡embarazada!
-si, de Henry
-Gabriela, estás loca. Necesitas ayuda
-shhh espera, escúchame por un momento.
-Gaby…
-yo no escogí esto Marisol. De verdad estas semanas han sido extremadamente confusas. Cuando estoy despierta parece que estoy soñando, y cuando sueño de verdad me siento viva. Siento el aire, el sol, las caricias…
-Gaby, te estás enamorando de una ilusión
-No Marisol. Yo no podría inventar una persona tan maravillosa como Henry. Es mi complemento. De verdad. No es algo físico, tampoco un capricho, es algo más profundo. Cada que veo sus ojos me repito que tengo suerte de estar con él. Son tan puros, tan perfectos… y ahora vamos a tener un hijo.
-de acuerdo. Supongamos que de verdad, por alguna extraña razón, estas viviendo una vida paralela con una señorita del siglo XIX. ¿Cómo le vas a hacer para desprenderte de esta vida que tienes aquí? Por más que duermas en algún momento tienes que despertar…
-exacto.
-¿entonces?
-la solución es muy simple: no pienso volver a este lugar
- ¿de qué estás hablando Gabriela? No me digas que piensas…
- no es un suicidio, lo juro. Solo es un sueño eterno…
-¡Gabriela no lo hagas!
-lo siento, ya lo hice…
-¿qué?- de pronto noté que el botecito que tenía entre las manos, era de unas tabletas para dormir. Estaba casi vacío.
-Gabriela ¿qué hiciste?
- con un hijo no puedo dividirme en dos nunca más. Necesito todo mi tiempo y mi cariño para criarlo. Lo siento Mari…
Me di cuenta que su mirada me había asustado porque estaba vidriosa, a punto de despedirse para siempre de esta vida. También me di cuenta de algo más: algo que no había querido decirme.Lo extraño fue que lo noté al último, cuando ya no quedaba esperanza:
-¡Gaby no lo hagas!!! También voy a desaparecer…
- lo siento Mari, tengo que despertar.
Demasiado tarde.
martes, 18 de mayo de 2010
sábado, 15 de mayo de 2010
un dia
hoy es un dia como cualquiera. excepto por la irremediable sensación de que voy a morir, definitivamente es como cualquier dia.
un dia común, corriente, uno de tantos que he tenido a lo largo de estos 20 años de vida. claro, ahora soy una manca, pero es un día como todos. ahora tengo un muñón, pero el mundo sigue girando. estoy acostada en mi cama -acostada, no dormida- mientras veo mi otora extremidad completa, ahora convertida en algo asqueroso. y la sensación de que voy a morir no se quita. se fortalece.
creo que no es tan malo morir en jueves.
un dia común, corriente, uno de tantos que he tenido a lo largo de estos 20 años de vida. claro, ahora soy una manca, pero es un día como todos. ahora tengo un muñón, pero el mundo sigue girando. estoy acostada en mi cama -acostada, no dormida- mientras veo mi otora extremidad completa, ahora convertida en algo asqueroso. y la sensación de que voy a morir no se quita. se fortalece.
creo que no es tan malo morir en jueves.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)