sábado, 7 de abril de 2012

Roberto

Se levantó, como siempre, a las siete en punto. Metiéndose al baño, pudo escuchar a su madre abajo, en la cocina, diciéndole que no se bañara, porque se iba a enfermar, esta muy frío.

A la chingada. Me tengo que bañar, pensó. Hoy me bajó. Después de arreglarse, bajó a desayunar lo que su mamá le había hecho: hotcakes y licuado de fresa. Con cara de hastío, fingió lo mejor que pudo una sonrisa, y comenzó a comer con desgana.

- mijita, porque te bañaste, te vas a enfermar

- mamá, me bajó, tengo que bañarme

- a pues si

Salió de su casa con el sonido de la voz de su madre retumbándole aún en la cabeza: tu prima Raquel se va a casar con un banquero, ¿tú crees? De familia bien acomodada y guapísimo guerito de ojos azules. Tú ya deberías conseguirte a alguien mijita, pero un buen muchacho, no como Beto, ese muchacho no estaba bien, era un donadie.

-es, mamá- le dijo justo antes de cerrar la puerta para que no tuviera oportunidad de replicar

La realidad, es que si era un donadie, pensó. Era chofer de un taxi y no tenía ninguna carrera ni estudiaba nada excepto fotografía. No le iba tan mal con el taxi, y ella nunca tuvo que pagar ni un quinto, pero aún así, no la merecía. Ni siquiera era católico, se acordó que le había dicho su mamá.

No, lo que ella necesitaba era un buen partido. Su mamá siempre le había dicho que valía mucho, que ella se merece un hombre guapo, de buena familia y con dinero, por supuesto, porque de amor no se vive. Si era católico, mejor.

A causa de estos pensamientos, había despreciado a varios hombres que no cumplían con los requisitos de manera sistemática. Al único al que le había dado una oportunidad era a Roberto, pero es que estaba cuerísimo, y no creyó que fueran a durar tanto. Increíblemente, se dio cuenta que con el se la pasaba muy bien, resultó ser una persona muy carismática, inteligente y algo cínica, lo que hacía una combinación que creyó perfecta. En realidad, a veces se encontraba pensando en él todavía. De hecho, siempre pensaba en él. Muchas veces se le salían las lágrimas por la nada, y se preguntaba porqué lo había dejado ir.

En parte por su mamá. Desde un principio había puesto el grito en el cielo. Como que un taxista. ¿Y no estudia? ¡fotografía no es un estudio! No Miranda, mira que fachas usa, no se viste bien, no es de aquí, quien sabe quien será su familia. A ella no le había importado de principio, pero cuando meses después sus primas comenzaron a casarse, y Roberto no quería ir a las bodas (se me hace una hipocresía ir a fiestas fastuosas hechas para presumir si yo ni siquiera creo en el matrimonio), cuando la invitaban a reuniones familiares y prefería que Beto no fuera porque sabía que iba a decir su familia cuando viera su corte de pelo, comenzó a pesarle el andar con él. Y cuando conoció a sus amigos, se dio cuenta que ella jamás encajaría con ellos. Ella ni siquiera fumaba mota, no la dejaban llegar más allá de las dos de la mañana, y la verdad no le gustaba oír la misma música que ellos.

Resignada, había agarrado valor un día y lo había cortado.

- ¿lo haces por ti, o por tu mamá?

- por mi Beto, como crees que me voy a dejar influenciar.

El la había mirado largamente, y aunque por un momento creyo que iba a replicar, vio que se dio la vuelta y diciéndole adiós se alejó.

jueves, 19 de enero de 2012

Ilusión

La boca le olía a huevo, para decepción de Miranda. ¿Cómo era posible que la vida fuera tan injusta con ella; que justo cuando su sueño máximo se cumplía, descubría que no era tan perfecto como pensaba?
El día había sido ideal. Un bonito día nublado, no tan frío, no tan caluroso, con el viento tranquilo y a la vez revoltoso. Por fin era el día en que decidirían su ascenso, y para sorpresa de muchos, hasta de ella misma, habían decidido que sí era capaz de ocupar un grado mayor, con mayor sueldo, mejor horario y por supuesto, un escritorio justo al lado de él. Tan perfecto. Blanco, ojos azules, pelo negro, mejillas sonrosadas... y con aliento a huevo.
Lo descubrió justo cuando le tendía la mano para saludarla y decirle su nombre, mientras le echaba una mirada de reconocimiento que ella entendió como una aprobación de su cuerpo.
Quién no haya pasado un mes entero en duermevela soñando con un ideal, una historia, una fantasía; quien no haya imaginado lo triste que es descubrir que al final de la novela el asesino no existía, puede tener una idea de lo decepcionada que Miranda se sintió. Nunca más, se dijo. Nunca más volveré a ilusionarme con alguien que no existe en realidad.
Y después conoció a Samuel

Como se mata a una gallina

Mi hermanito compró un pollo. Era un pollo amarillo, gordito y gritón. Piaba como nunca antes había oído yo que un pollo piara. Por las noches no dejaba de hacer ruido y yo tenía que aguantarme porque (como siempre) mis papás defendían a mi hermano, y si él quería algo, se lo daban.
Un día, mis padres salieron, y solo nos quedamos mi hermano y yo. Estaba leyendo una revista cuando el pollo empezó a piar. Mi hermano estaba viendo las caricaturas y parecía no darse cuenta. Traté de no hacer caso al ruido, pero este pareció fijase por completo en mi cabeza. Pasaron cinco minutos que me parecieron horas, y el pollo seguía piando. No dejaba concentrarme y poco a poco empezé a sentir como crecía un sentimiento de odio, de rabia, de ganas de pegarle a alguien. Nunca antes había experimentado eso, y me dio un poco de miedo. Miedo porque nunca creí que fuera capaz de albergar esos sentimientos, pues yo siempre había sido una persona muy pacífica. El pollo seguía piando, y de repente tuve en mi mente la imagen fugaz del pollo muerto, con la cabeza de lado y una pata estirada. Y no se porqué me gustó esa imagen. Me gustó. Reí por lo bajo y luego me quedé callada. ¿Qué había pensado? ¿Porqué me gustó lo quehabía pensado?. Traté de divgar en otra cosa pero no pude. El pollo seguía piando. Me empecé a desesperar. ¡Ya no lo soportaba! ¡Tenia que hacer algo!. Me paré y eche agua fría a mi rostro para calmarme, sin embargo, el sentimiento de odio solo aumentó. No pude más, así que me paré, fui al cuarto donde estaba ese estúpido pollito y lo levanté de la caja. Acto seguido le volteé el cuello y lo maté. Como se mata a una gallina.