Mi hermanito compró un pollo. Era un pollo amarillo, gordito y gritón. Piaba como nunca antes había oído yo que un pollo piara. Por las noches no dejaba de hacer ruido y yo tenía que aguantarme porque (como siempre) mis papás defendían a mi hermano, y si él quería algo, se lo daban.
Un día, mis padres salieron, y solo nos quedamos mi hermano y yo. Estaba leyendo una revista cuando el pollo empezó a piar. Mi hermano estaba viendo las caricaturas y parecía no darse cuenta. Traté de no hacer caso al ruido, pero este pareció fijase por completo en mi cabeza. Pasaron cinco minutos que me parecieron horas, y el pollo seguía piando. No dejaba concentrarme y poco a poco empezé a sentir como crecía un sentimiento de odio, de rabia, de ganas de pegarle a alguien. Nunca antes había experimentado eso, y me dio un poco de miedo. Miedo porque nunca creí que fuera capaz de albergar esos sentimientos, pues yo siempre había sido una persona muy pacífica. El pollo seguía piando, y de repente tuve en mi mente la imagen fugaz del pollo muerto, con la cabeza de lado y una pata estirada. Y no se porqué me gustó esa imagen. Me gustó. Reí por lo bajo y luego me quedé callada. ¿Qué había pensado? ¿Porqué me gustó lo quehabía pensado?. Traté de divgar en otra cosa pero no pude. El pollo seguía piando. Me empecé a desesperar. ¡Ya no lo soportaba! ¡Tenia que hacer algo!. Me paré y eche agua fría a mi rostro para calmarme, sin embargo, el sentimiento de odio solo aumentó. No pude más, así que me paré, fui al cuarto donde estaba ese estúpido pollito y lo levanté de la caja. Acto seguido le volteé el cuello y lo maté. Como se mata a una gallina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario