Se levantó, como siempre, a las siete en punto. Metiéndose al baño, pudo escuchar a su madre abajo, en la cocina, diciéndole que no se bañara, porque se iba a enfermar, esta muy frío.
A la chingada. Me tengo que bañar, pensó. Hoy me bajó. Después de arreglarse, bajó a desayunar lo que su mamá le había hecho: hotcakes y licuado de fresa. Con cara de hastío, fingió lo mejor que pudo una sonrisa, y comenzó a comer con desgana.
- mijita, porque te bañaste, te vas a enfermar
- mamá, me bajó, tengo que bañarme
- a pues si
Salió de su casa con el sonido de la voz de su madre retumbándole aún en la cabeza: tu prima Raquel se va a casar con un banquero, ¿tú crees? De familia bien acomodada y guapísimo guerito de ojos azules. Tú ya deberías conseguirte a alguien mijita, pero un buen muchacho, no como Beto, ese muchacho no estaba bien, era un donadie.
-es, mamá- le dijo justo antes de cerrar la puerta para que no tuviera oportunidad de replicar
La realidad, es que si era un donadie, pensó. Era chofer de un taxi y no tenía ninguna carrera ni estudiaba nada excepto fotografía. No le iba tan mal con el taxi, y ella nunca tuvo que pagar ni un quinto, pero aún así, no la merecía. Ni siquiera era católico, se acordó que le había dicho su mamá.
No, lo que ella necesitaba era un buen partido. Su mamá siempre le había dicho que valía mucho, que ella se merece un hombre guapo, de buena familia y con dinero, por supuesto, porque de amor no se vive. Si era católico, mejor.
A causa de estos pensamientos, había despreciado a varios hombres que no cumplían con los requisitos de manera sistemática. Al único al que le había dado una oportunidad era a Roberto, pero es que estaba cuerísimo, y no creyó que fueran a durar tanto. Increíblemente, se dio cuenta que con el se la pasaba muy bien, resultó ser una persona muy carismática, inteligente y algo cínica, lo que hacía una combinación que creyó perfecta. En realidad, a veces se encontraba pensando en él todavía. De hecho, siempre pensaba en él. Muchas veces se le salían las lágrimas por la nada, y se preguntaba porqué lo había dejado ir.
En parte por su mamá. Desde un principio había puesto el grito en el cielo. Como que un taxista. ¿Y no estudia? ¡fotografía no es un estudio! No Miranda, mira que fachas usa, no se viste bien, no es de aquí, quien sabe quien será su familia. A ella no le había importado de principio, pero cuando meses después sus primas comenzaron a casarse, y Roberto no quería ir a las bodas (se me hace una hipocresía ir a fiestas fastuosas hechas para presumir si yo ni siquiera creo en el matrimonio), cuando la invitaban a reuniones familiares y prefería que Beto no fuera porque sabía que iba a decir su familia cuando viera su corte de pelo, comenzó a pesarle el andar con él. Y cuando conoció a sus amigos, se dio cuenta que ella jamás encajaría con ellos. Ella ni siquiera fumaba mota, no la dejaban llegar más allá de las dos de la mañana, y la verdad no le gustaba oír la misma música que ellos.
Resignada, había agarrado valor un día y lo había cortado.
- ¿lo haces por ti, o por tu mamá?
- por mi Beto, como crees que me voy a dejar influenciar.
El la había mirado largamente, y aunque por un momento creyo que iba a replicar, vio que se dio la vuelta y diciéndole adiós se alejó.
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