Samara se levanto con un intenso dolor de cabeza. tardó un rato en acostumbrarse a la luz del sol, a los sonidos cotidianos de la ciudad, a la gente caminando por la acera. Después de dos años viviendo encerrada, con los enfermeros y doctores como unica compañía, no terminaba de acoplarse a la cotidaniedad de la vida.
Su vida. Era curioso como las cosas se habían dado, como se habían acomodado los pensamientos, su mente, que al final de todo el resultado había sido el diagnostico de loca. loca esquizofrenica. Y lo peor de todo es que no habían podido desterrarla del todo. Ahí seguía. Helena estaba adentro de ella, y nadie había podido quitarsela, aún cuando ella misma lo había deseado. Al final hicieron una tregua. Finge que no estoy aquí, le había dicho, y por fin sereremos libres para buscar venganza.
Porque debe morir, de eso no habia duda. No habia cambiado un ápice su proposito, y dejándose seducir por las palabras de Helena, estaba ya convencida a matar. Le recordó lo que había pasado de niña, los sufrimientos, los sentimientos de impotencia. Le recordó la infancia maldita, los cumpleaños de asco, de lujuria, la vida en fotografías a blanco y negro, a colores, en todas las posisiones, a fin de lograr una erección en el espectador desconocido y ser partícipe de sus fantasias.
En fin. hoy era el día. Se levantó de su cuarto, y yendo a la cocina, tomó el cuchillo que sería el salvador esperado, que la libraría al fin de sus sufrimientos.
Pero había algo que aún no le decía a Helena. Iba a matar, era cierto, pero no precisamente al que ella querría. Iba a matar a Helena. y lo hizo.
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